La literatura va sobre ruedas

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La vinculación entre andar en bicicleta por la ciudad, ser bicimensajero y los procesos creativos, en particular con la literatura y la historia de la misma, fue el tema que abordó el bicimensajero Marcos Chávez Esparza, en la charla titulada La literatura va sobre ruedas, realizada en el marco de la jornada “La bicicleta como agente social de cambio. Una visión desde el diseño y las artes”, en el vestíbulo del edificio “L” de la Unidad Azcapotzalco.

Al iniciar la conversación, compartió algunos datos históricos: La escritura se originó entre 3500 y 3000 a.C. en Mesopotamia y la evidencia más antigua de una rueda se encontró en ese mismo lugar alrededor de 3500 a.C. En la literatura de Mesopotamia, la rueda se menciona en algunos textos como un elemento utilizado en la vida cotidiana y en la descripción de escenas y objetos; también se hace referencia a formas con ruedas en poemas épicos como el “Poema de Gilgamesh”, escrito en la antigua Mesopotamia, en el tercer milenio antes de Cristo; al leer el poema se mencionan cuestiones como carretas, bebidas y comidas, así como ciudades de esa época. 

En seguida, realizó un salto en el tiempo, al año 1790, donde se encuentran los orígenes de la bicicleta; “fue un artefacto desarrollado en Francia por el conde Sivrac, quien denominó celerífero a su invención y la bicicleta fue inventada en 1817 por Karl Von Drais, un barón alemán; Drais creó la ´máquina para correr´ o ´drasiana´, el primer vehículo de dos ruedas que podía ser controlado por una persona”.

El también estudiante de la maestría en Estudios Urbanos agregó que “a partir de su popularización, las bicicletas no han estado alejadas del mundo de la cultura, en especial de la literatura; algunas figuras literarias que se han relacionado con la bicicleta son: León Tolstoi, autor de Guerra y paz, uno de los clásicos de la literatura occidental, la primera bicicleta que tuvo y con la que aprendió a usarla, la adquirió a los 67 años”.

En sentido inverso, el autor de El viejo y el mar, Ernest Hemingway, era un apasionado de las bicicletas; incluso en tiempos de guerra, recorría las calles de Italia durante la Primera Guerra Mundial, vendiéndoles cigarrillos y chocolates a los soldados italianos. Henrry Miller, escritor norteamericano, era un ciclista apasionado y enamorado de las competencias ciclistas. Desde pequeño creó un vehículo muy cercano con este medio de transporte, tanto así que le dedicó una novela completa que se llama Mi bicicleta y otros amigos; en ese libro relata que cuidaba de la bicicleta y de sus amistades.

Uno de los ilustres literatos que encontró inspiración en las dos ruedas fue el laureado autor irlandés James Joyce; en su novela modernista Ulises, ambientada en un solo día en Dublín, el personaje Stephen Dedalus emprende un viaje mental y físico en bicicleta por la ciudad; la bicicleta se convierte en una metáfora de la búsqueda de la libertad y exploración de nuevas ideas.

Juan José Arreola, nació en Ciudad Guzmán, Jalisco y, como todo jalisciense se movilizaba en bicicleta, hasta que partió a París, Francia, para aprender mímica con Marcel Marceau, el más célebre mimo de aquellos años. Arreola ya no utilizó la bicicleta, además de que cruzar la calle caminando, le causaba angustia.  Superó ese problema y decidió promover el uso de la bicicleta como medio de transporte en la agobiada vialidad de la Ciudad de México y organizó recorridos grupales en las calles de la avenida Nuevo León. 

También se refirió a mujeres que han destacado en la literatura y otros ámbitos, entre ellas, Simone de Beauvoir, escritora francesa que estaba enamorada del mundo, le encantaba viajar y conocer lugares diferentes; cuando era muy joven su único medio para viajar fue la bicicleta, y aunque no podía llegar muy lejos, vivía feliz de poder recorrer caminos pedaleando. En su libro La plenitud, describe varios de sus recorridos, incluso en uno, acompañada de Jean-Paul Sartre, se cayó de la bicicleta y pierde un diente.

Figuras literarias como Paul Auster y Haruki Murakami han descrito en sus obras la experiencia de pedalear por las calles de Nueva York o Tokio como una forma de escape y búsqueda de inspiración. El escritor David Byrne publicó que “a medida que aumenta el número de jóvenes artistas y creativos que se instalan en Brooklyn, también lo hace el número de ciclistas que cruzan los puentes. El tráfico de bicicletas por el puente de Manhattan se cuadriplicó el año pasado (2008) y en del puente de Williamsbyrg se triplicó. La ciudad se está anticipando, hasta cierto punto, a lo que ocurrirá en un futuro no muy lejano: mucho más gente usará la bicicleta para ir a trabajar o por diversión”.

Marcos Chávez, quien también estudió Psicología Social en la UNAM, resaltó una cita textual de Hemingway: Pedaleando se aprecian mejor los contornos del país, porque uno primero sube las cuestas bañado en sudor y luego las desciendes dejándose deslizar por ellas. Considera que la apreciación de la ciudad, de sus elementos, de sus contradicciones, es decir, la dinámica de las relaciones socioespaciales que conforman la ciudad se observan distinto desde la velocidad de las bicicletas.

También compartió que “todo el tiempo que paso en la calle llevo un libro y un cuaderno para leer, escribir y dibujar. El año pasado publiqué el libro Espectros y multitudes con una editorial argentina que difundió a poetas contemporáneos de Latinoamérica; los poemas que lo integran, los escribí en esos espacios cuando hay tiempo libre en el trabajo de mensajero. Concluyó con la lectura de dos poemas de su creación: Escenas periféricas y La calle es mi novia.

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